Medicina·Miscelánea·Salud

Carta abierta a Javier Cárdenas: ¿No deberías hacer un curso de reciclaje en comunicación?

«The Cow-Pock—or—the Wonderful Effects of the New Inoculation!» (1802), viñeta satírica de James Gillray, de las Publications of ye Anti-Vaccine Society, que muestra a Edward Jenner administrando vacunas contra el virus de la viruela bovina en el hospital de San Pancracio. El temor popular era que la vacuna provocaría el crecimiento de «apéndices vacunos» en los pacientes.
«The Cow-Pock—or—the Wonderful Effects of the New Inoculation!» (1802), viñeta satírica de James Gillray, de las Publications of ye Anti-Vaccine Society, que muestra a Edward Jenner administrando vacunas contra el virus de la viruela bovina en el hospital de San Pancracio. El temor popular era que la vacuna provocaría el crecimiento de «apéndices vacunos» en los pacientes.

 

Javier Cárdenas:

Humildemente creo que te hace gran falta, porque tú solito te has metido en un jardín del que —por no quererlo tú— te va a ser imposible salir. Eres un Minotauro en minúsculas, que has rechazado hasta el hilo de Ariadna, que tan amablemente te había ofrecido Lucía (y tú sin enterarte…).

Pensabas que podías rellenar tres minutos de radio, “echar la lengua a pacer”, y que el lugar común, la superstición, las falsedades y la omisión absoluta del más mínimo rigor fueran protagonistas de la emisión. ¡No!. Eso no puede ser. ¡Basta ya!

Con todo, el eco mediático de tus programas ha sido, precisamente, lo que ha provocado que todo el mundo fuera consciente de tu ignorancia. Pero, querido Javier, el problema no es sólo tu ignorancia, que en efecto te asiste: la verdadera fuente de tus males ha sido tu atrevimiento. Un atrevimiento desmedido. Infinito.

Desconozco el verdadero origen de este proverbio, pero otros más sabios que yo afirman que podría ser árabe. En cualquier caso, Javier Cárdenas, a partir de este preciso instante, humildemente te aconsejo que empieces a aplicártelo, pero hazlo como un ungüento diario, al modo de una crema rejuvenecedora, y que te penetre bien a fondo:

El que no sabe que no sabe, es un necio. Apártate de él.
El que sabe que no sabe, es sencillo. Instrúyelo.
El que no sabe que sabe, está dormido. Despiértalo.
El que sabe que sabe, es sabio. Síguelo.

Y, para que empieces con el tratamiento diario del que te hablo, puedes ir tomando —eso sí: al pie de la letra— la carta pública que te ha enviado la OMC (no te preocupes en buscarlo, que ya te digo yo quiénes son, porque a saber dónde acabarás buscando las referencias: se trata de la Organización Médica Colegial), que en uno de sus párrafos resume, en mi opinión, la situación que tú, y sólo tú, has provocado, gracias a tu —por osado, desbocado— atolondramiento:

“El que los medios de comunicación públicos cuenten con programas que tienden a trivializar la información científica y médica es un problema que, como ciudadanos, nos afecta a todos. A pesar de que la divulgación siempre es difícil, la distancia entre la vulgarización y el sensacionalismo alarmista es notable y no debería recorrerse.”

Entresaco algunos fragmentos de la carta (su núcleo, en realidad), cuyo objeto no es otro que aclarar las cosas a la opinión pública. Por cierto, la opinión pública y yo estamos ya un poco hartos de charlatanes seudocientíficos, seudomédicos y similares, a quienes con demasiada frecuencia se les brinda el acceso a los medios:

  1. Las vacunas no causan autismo. Este bulo nació en el año 1998 del Sr. Wakefield, al que el Colegio General Médico Británico le retiró la licencia de médico acusándole de actuar de forma deshonesta e irresponsable, reconociendo que las conclusiones y los métodos del médico británico eran falsos.
  2. No hay ninguna epidemia de autismo, para ser más exactos, de trastorno del espectro autista.
  3. Las vacunas son seguras, no contienen mercurio, son efectivas y salvan cada año millones de vidas en el mundo. Las vacunas suponen el mayor avance de la medicina en los últimos años y sembrar la duda con informaciones desfasadas, equivocadas y falsas, es una temeridad.
  4. Las vacunas son medicamentos esenciales que hay que utilizar apropiadamente. Los debates, necesarios y obligados, basados en la búsqueda de la mayor evidencia posible, forman parte de la esencia del compromiso ético y profesional de los médicos.
  5. No menos importante es que en España, existe ya el principio consagrado de prevalencia del “interés superior del menor” (Ley Orgánica 8/2015 de Protección del menor y del adolescente), incluso frente a la patria potestad de los padres que tendrá´ una importante incidencia también en el terreno de las vacunas, terreno en el que es determinante considerar que las indicaciones vacunales son recomendaciones sanitarias y por tanto de libre aceptación, salvo los concretos casos de epidemias o grave riesgo para la salud pública, único caso en España actualmente en el que las autoridades pueden imponer la vacunación obligatoria a la población.

Por último: Cárdenas, por favor, hazte un exhaustivo examen de conciencia, precedido de un verdadero —y preferiblemente sincero— acto de contrición. Para ir abriendo boca, léete la carta abierta que te ha escrito Lucía Galán Bertrand. ¡Ah, que ya la has leído! Pues: ¡vuelve a releerla!. Te paso la dirección, por si no lograras encontrarla (Internet es tan grande… ¿verdad?).

¡Ah, es cierto! Ahora recuerdo: no sólo ya la habías leído, sino que en otro de tus proverbiales ataques de ignorancia supina, y no contento con ello, le exiges disculpas a “esa pediatra”. ¡No doy crédito!

La verdad: es una historia increíblemente triste, de la que dudaría si no fuera porque es cierta…

Referencias

  Comunicado de la OMC (Organización Médica Colegial): “La OMC, por una información en salud de calidad y contrastada
  Carta abierta de Lucía Galán Bertrand a Javier Cárdenas: “Estimado Sr. Cárdenas

La carta de Lucía tiene un apoyo bibliográfico y de referencias impecable, al contrario que el tuyo, que brillando por su ausencia, acaba proponiendo algo peor aún: para defenderte, has llegado a apoyarte en comentarios contrarios a los que pretendías en origen.

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