La blasfemia, «una pésima manera de potenciar la convivencia en sociedades pluralistas»

Blasfemar, en el sentido grueso de la palabra y cuando se hace con intención, se supone que es un intento de herir a alguien. O bien a Dios, pero entonces el blasfemo tiene que ser creyente, porque, si no cree que exista el interlocutor, la intención de dañar carece de sentido, cae en el vacío. O bien se trata de fastidiar a quienes sí son creyentes, de herir su sensibilidad, porque el blasfemo cree que la fe es muy importante para esas personas, tanto al menos como pueden serlo el cariño a los padres o al propio país. En ese caso, es una pésima manera de potenciar la convivencia en sociedades pluralistas, que deberían estar pensando en cómo resolver conjuntamente los problemas de justicia social en vez de fastidiarse unos a otros.

Adela CORTINA: El País, 02/06/2012

Manifestación en homenaje a las víctimas del atentado contra la revista Charlie Hebdo (2015).

Más sobre la Blasfemia, en Datos a Tutiplén

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