Miguel Bravo Vadillo: “Carpe diem”

Recuerdo que durante el curso ochentayseisochentaysiete yo me sentaba detrás de Cristóbal Fonseca, a quien llamábamos por mal nombre “El distraído”; y cada vez que el profesor de turno lo hacía levantarse para responder a alguna pregunta, yo aprovechaba la favorable circunstancia para acariciar el muslo izquierdo de Alicia con voluptuosa impunidad.

–A ver, Cristóbal –habló el profesor de filosofía–, ¿en qué consiste el argumento ontológico de San Anselmo? Explícalo al resto de la clase.

“El distraído” se puso en pie y guardó silencio, azorado.

–Ni idea, ¿no? –le recriminó don Luis–. Claro, si prestases atención en lugar de estar siempre mirando las musarañas en la puta Luna… A ver, di lo primero que se te ocurra, que nos riamos todos un rato.

Cristóbal Fonseca, alias “El distraído”, temiendo la burla de toda la clase, habló con timidez:

–Dios es imperfecto, luego Dios existe; porque si no existiera no podría ser imperfecto.

Alicia, cuando sentía mi mano sobre su piel delicada, dejaba escapar una risita contagiosa.

 

Evaristo Valle: Cipriano el Hojalatero (c. 1945).

 


El microrrelato Carpe diem fue escrito por Miguel Bravo Vadillo.

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