[1952] El último verdugo de una España de vergüenza

Fotograma de El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).
Fotograma de El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).

Tal día como hoy, el 17 de marzo de 1952, se producía un hecho que haría historia en nuestro país: una actuación de una lamentable época.

La de verdugo no debió ser nunca una tarea de gusto, y sin duda el caso de Antonio López Sierra no fue una excepción. De hecho, las crónicas cuentan que, invitado por los guardianes del reo, había bebido coñac para poder llevar a cabo su trabajo.

Por cierto, en la prensa de la época se hablaba de una gratificación de 60 pesetas. No creo yo que fuera una fortuna para Antonio, que se ganaba la vida como vendedor de caramelos. Como vergugo (oficialmente: “agente Cobra mensualmente 495 pesetas, y de cuando en cuando, atendía el llamado para ajusticiar a un condenado a muerte. Este sería el estreno del que fue —al final— el último verdugo de España.

Oigamos sus propias palabras:

«Apenas llegado a Madrid me hospedé en la pensión La Ferroviaria. Mis anteriores viajes me habían valido conocer Madrid mal que bien. Recuerdo que anduve dando vueltas como un tonto, bebiendo vino y coñá para olvidarme de que tenía que matar a un hombre, aunque fuera el autor de un asesinato con robo, o sea, un asesino, pero era un hombre, y yo iba y venía como un tonto: ¡pero si ni siquiera sabía manejar el aparato, la máquina!».

Fotograma de El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).
Fotograma de El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).

El dinero no parecía ser una motivación primaria:

«la idea de la retirada siempre venía delante de la idea cuidado, que te pueden procesar, y las 495 pesetas mensuales no nos sacaban de pobres, pero ayudaban a mantener la casa. Sólo podía desear que tardaran mucho en volver a llamarme».

Toda la historia de este proceso es digna de la España más profunda, y su patetismo rayano con lo trágico. En el juicio, los psiquiatras Franco Jaramillo y Varela de Seijas llegaron a decir del acusado (Ramón Oliva Márquez, el Monchito):

«el acusado es un oligofrénico, con capacidad mental de un muchacho de doce años»

Y no obstante, el Monchito fue condenado a muerte. Las palabras del último verdugo siguen resonando en mis oídos:

«A las seis en punto de la madrugada, a la aurora del día, presentes en el recinto el Tribunal, los abogados, algunos representantes de instituciones públicas y dos médicos, el de la prisión y un forense, dos oficiales de prisiones acompañados por el capellán trajeron a el Monchito. Había cumplido veintidós años, pero parecía mucho más joven, era culpable de asesinato y robo. Apenas podía tenerse en pie. Daba la sensación de que, más que conducirlo, los funcionarios lo sujetaban para que no se cayera. Se sentó en la silla, tal vez pidió terminar el cigarrillo que estaba fumando, un minuto para él un año para mí, le puse las lunetas, ajusté el pasador, ceñí la correa alrededor del pecho, y di dos vueltas de manivela, hasta el tope. La cabeza de El Monchito se desplazó hacia atrás, porque, a pesar de lo que mucha gente piensa, al girar la manivela no se clava ningún punzón en la nuca del reo; lo que hace el garrote es apretar el cuello y tirar de la cabeza hacia la estaca. El reo mantuvo el pulso durante siete, ocho o nueve minutos, y, adispués, murió, pero dicen que la muerte verdadera es rápida y que, a pesar del pulso, muere en seguida. El Monchito, lo recuerdo muy bien, no llegó esposado al recinto; ¿para qué iban a esposarlo? Estaba muy decaído, destrozado por las horas de capilla. La dieta que me correspondió por mi trabajo fue de sesenta pesetas. Y me pagaron el billete de vuelta en tren».

Cartel de la película El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).
Cartel de la película El verdugo, de Luis García Berlanga (1963).

Datos para completar una historia

  • El propio Antonio López Sierra estuvo preso en la cárcel durante varios meses, condenado por el robo en una gasolinera.
  • Participó en la Guerra Civil española, y luego fue a Rusia como voluntario de la División Azul.
  • En Berlín trabajó de barrendero.
  • Se ganó la vida como contrabandista y estraperlista con su amigo Vicente López Copete (que luego también sería verdugo).
  • Antonio López Sierra fue el verdugo de algunos condenados de gran relevancia. Entre otros: Pilar Prades Expósito (la envenenadora de Valencia), o José María Jarabo (el Jarabo), un caso muy mediático que ha sido llevado incluso a la televisión. También fue ajusticiado por él el último de los condenados a muerte en España: Salvador Puig Antich.
Paquetería de la cárcel Modelo, lugar de ejecución de Salvador Puig Antich. Iluminado en el suelo el lugar donde se instaló el garrote vil.
Paquetería de la cárcel Modelo, lugar de ejecución de Salvador Puig Antich. Iluminado en el suelo el lugar donde se instaló el garrote vil.

 


Artículo redactado para La biblioteca perdida.

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