[1848] El Manifiesto comunista, punto de inflexión en la Historia

Friedrich Engels, Karl Marx y las hijas de éste: Jenny Caroline (1844–1883), Jenny Julia Eleanor (1855–1898), y Jenny Laura (1845–1911). La imagen está tomada aproximadamente en 1864.
Friedrich Engels, Karl Marx y las hijas de éste: Jenny Caroline (1844–1883), Jenny Julia Eleanor (1855–1898), y Jenny Laura (1845–1911). La imagen está tomada aproximadamente en 1864.

Tal día como hoy, el 21 de febrero de 1848, Karl Marx y Friedrich Engels publicaban al unísono uno de los escritos que, con tan sólo 23 páginas, sería con el tiempo uno de los de mayor influencia en la Humanidad.

A petición de la Liga de los Comunistas, veía la luz en Londres una obra que aunque originalmente se titulaba Manifiesto del Partido Comunista, siempre ha sido conocida en su forma abreviada: Manifiesto comunista.

Recordando que Marx había sido expulsado de Alemania y de Francia por sus ideas revolucionarias y por activista, podremos entender por qué la primera edición del texto se publicó de forma anónima.

Hoja manuscrita del Manifiesto comunista.
Hoja manuscrita del Manifiesto comunista.

Sólo a título de recordatorio, veamos algunos fragmentos de la obra, con los que tendremos ocasión de ver no sólo sus ideas, sino también el verbo florido de sus autores:

  • “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”.
  • “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios (…). Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó (…) un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación”.
  • “En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarróllase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera.”
  • “Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros. Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada.”
  • “Os aterráis de que queramos abolir la propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno de vuestra sociedad actual, la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población!”
  • “En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos.”
  • “El comunismo quiere abolir estas verdades eternas, quiere abolir la religión y la moral, en lugar de darles una forma nueva, y por eso contradice a todo el desarrollo histórico anterior.”
Engels fue quien dio a conocer a Marx la situación laboral de los niños en las fábricas inglesas.
Engels fue quien dio a conocer a Marx la situación laboral de los niños en las fábricas inglesas.

Así es como acaba el Manifiesto comunista, donde aparece su célebre arenga:

“Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”

***

Hoy en día, la integración de las concepciones del marxismo en nuestra sociedad llega a tal punto que aunque alguien diga que no es marxista, en realidad difícilmente se podrá sustraer a algunas de las ideas del tándem Marx-Engels, ya que sucede con ellas lo que con el humus judeocristiano que subyace en las creencias de gran parte de la población del mundo occidental: que son inseparables de nosotros mismos.

El parque Marx-Engel Forum, en Berlín (Alemania).
El parque Marx-Engel Forum, en Berlín (Alemania).

 


Artículo redactado para La biblioteca perdida.

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