Gloria Díez: “Despido inoportuno”

Las poleas sufrieron un brusco estremecimiento y el ascensor detuvo su escalada entre los pisos cuatro y cinco. De forma instintiva, Juan se llevó la mano al bolsillo. No había cogido el móvil y menos sus pastillas. ¿Por qué iba a hacerlo? Sólo había bajado un momento a la portería. En cuestión de segundos comprendió su situación: agosto, el edificio casi vacío… Frente a él estaba el pulsador de la alarma, un rectángulo sucio de plástico amarillo. Sonaba, con gemido de perro apaleado, en la garita del portero. Pero, aunque lo pulsara, Lucas, ese holgazán, ese maldito inútil, no subiría. Lo sabía porque, a pesar de sus súplicas tardías, de sus patéticos sollozos, con íntimo placer y en uso de sus atribuciones, acababa de despedirle. Contra toda esperanza, con gesto de náufrago, Juan apretó ferozmente el timbre y luego sí, lentamente, dejando que su espalda se deslizara contra la pared, se derrumbó.

 

 

El microrrelato Despido inoportuno fue escrito por Gloria Díez.

 

Botón de alarma en un ascensor.

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