El fin de un tópico: ¿para cuándo la revisión de Robespierre?

Firma de Maximilien Robespierre.

 

¿Qué celebramos realmente?

Tal día como hoy, el sábado 28 de julio de 1794, moría en la guillotina Maximilien François Marie Isidore de Robespierre (1758-1794), más conocido simplemente como Maximilien Robespierre, figura polémica y controvertida donde las haya habido en la Historia de la Humanidad.

Robespierre, que no dejaba indiferente a sus coetáneos, y desde luego tampoco a los historiadores y estudiosos que se han acercado a él, ha visto cómo en los últimos tiempos, algunas autores han alzado la voz para preguntarse si no es posible que haya que revisar la vida y hechos de quien fue conocido como El incorruptible. Y, junto con su biografía, el verdadero alcance de su responsabilidad en la etapa conocida como El Terror.

Efectivamente, la biografía de Robespierre es la más trágica de cuantas vivieron aquellas convulsas fechas de la Revolución francesa, en la que él mismo acabó sucumbiendo, en cierto modo inmolado.

En su último discurso, pronunciado el 8 de termidor (26 de julio) ante la Convención Nacional, asistimos a lo que parece una clara aceptación de su propio destino:

¿Qué puede objetarse contra quien anhela decir la verdad y consiente en morir por ello? (…) Yo he nacido para combatir el crimen, no para dirigirlo, y aún no ha llegado el tiempo en que los hombres honrados puedan servir a la nación sin ser castigados.

Detenido tras el golpe de 9 de Thermidor (27 de julio de 1794) bajo la acusación de “tiranía”, le acompañaron sus amigos y aliados Louis Saint-Just, Georges Couthon, Philippe François Le Bas, así como su hermano Augustin Robespierre. La misma noche, la Comuna le liberó, pero al día siguiente, 10 de Thermidor (28 de julio) fue apresado definitivamente por la Convención, declarándosele a él y a sus seguidores “fuera de la ley”, que permitía ejecutar a un acusado sin juicio ni defensa posible, pues precisamente no podía acogerse a la fuerza de las leyes (por encontrarse fuera de su amparo).

 

Detención de Robespierre en la Convención Nacional. Cuadro de Max Adamo (1870).
Detención de Robespierre en la Convención Nacional. Cuadro de Max Adamo (1870).

 

Las fuerzas de la Convención llegan a la plaza frente al Hôtel-de-Ville hacia las dos de la madrugada.
Las fuerzas de la Convención llegan a la plaza frente al Hôtel-de-Ville hacia las dos de la madrugada.

 

Arresto de Robespierre.
Arresto de Robespierre.

 

Grabado en color de Harriet que ilustra la versión de que Robespierre fue herido por el disparo de un gendarme.
Grabado en color de Harriet que ilustra la versión de que Robespierre fue herido por el disparo de un gendarme.

 

Algunos autores escenifican la muerte de Robespierre, tratando quizá de transmitirnos sus últimas horas con vida. Es el caso de Peter McPhee, por ejemplo (en su obra Robespierre. Vida de un revolucionario, 2012):

Tras subir a duras penas los peldaños del cadalso con la cabeza envuelta en un vendaje ensangrentado y mugriento… el verdugo le arrancó el vendaje; la mandíbula inferior se le desencajó provocando un horrendo grito de dolor.​

 

Robespierre agonizante, en la carreta que le conduce al cadalso.
Robespierre agonizante, en la carreta que le conduce al cadalso.

 

Ejecución de Robespierre. El hombre decapitado que se observa es Couthon; el cuerpo de La Bas está tendido en el suelo; Robespierre aparece sentado en el carro cerca del cadalso, con un pañuelo sobre la boca.
Ejecución de Robespierre. El hombre decapitado que se observa es Couthon; el cuerpo de La Bas está tendido en el suelo; Robespierre aparece sentado en el carro cerca del cadalso, con un pañuelo sobre la boca.

 

Ejecución de Robespierre, en una imagen ampliada. El hombre decapitado que se observa es Couthon; el cuerpo de La Bas está tendido en el suelo; Robespierre aparece sentado en el carro cerca del cadalso, con un pañuelo sobre la boca.
Ejecución de Robespierre, en una imagen ampliada. El hombre decapitado que se observa es Couthon; el cuerpo de La Bas está tendido en el suelo; Robespierre aparece sentado en el carro cerca del cadalso, con un pañuelo sobre la boca.

 

Nueve de Termidor (1864), de Valery Jacobi, conservado en la galería Tretiakov de Moscú. Tumbado sobre una mesa, herido, en una sala del Comité de Salvación Pública, Robespierre es objeto de la curiosidad y de los insultos de sus guardianes, delante de sus amigos, deshechos.
Nueve de Termidor (1864), de Valery Jacobi, conservado en la galería Tretiakov de Moscú. Tumbado sobre una mesa, herido, en una sala del Comité de Salvación Pública, Robespierre es objeto de la curiosidad y de los insultos de sus guardianes, delante de sus amigos, deshechos.

 

Su trágico destino continúo incluso más allá de su muerte, pues tanto Robespierre como el resto de ajusticiados fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de Errancis, en la que vertieron cal viva para eliminar todo rastro de ellos.

Placa que recuerda donde estaba situado el cementerio de Errancis y a las víctimas del Terror que fueron enterradas en él.
Placa que recuerda donde estaba situado el cementerio de Errancis y a las víctimas del Terror que fueron enterradas en él.

 

Nada más morir, se iniciaron los libelos y calumnias que fueron construyendo una imagen de Robespierre que ahora resulta extremadamente difícil separar de la verdadera. Habla McPhee, en su obra citada:

La visión que se ha dado de él se ha fundamentado en un rumor. No más. Cuando cae e iba camino de la guillotina —aquel 10 Termidor, 28 de julio de 1794 para la cristiandad— empieza ese rumor sobre él, ajeno a los hechos, que se ha propagado de manera organizada y continua a lo largo de más de 200 años y ha dado lugar a que el 95% de lo que se ha escrito fuera falso.

 

La marmita depuradora de los jacobinos (1793).
La marmita depuradora de los jacobinos (1793).

 

Caricatura que muestra a Robespierre ejecutando al verdugo, después de guillotinar a todos los franceses.
Caricatura que muestra a Robespierre ejecutando al verdugo, después de guillotinar a todos los franceses.

 

McPhee es, desde luego, muy cauto a la hora de analizar los hechos:

Pero no podemos saber con certeza la respuesta a la pregunta más inquietante: ¿estuvo directamente implicado en el baño de sangre que sufrió París, o lo desataron otros para desprestigiarle? La respuesta más probable es que, en su ausencia, sus enemigos actuasen a escondidas, y él era el chivo expiatorio perfecto por el miedo que tenían a matar al mayor número de sospechosos posible.

En cualquier caso, su nombre va siempre asociado al del inicio del terrorismo, aun cuando el historiador sea exquisitamente meticuloso:

En nuestros días, la utilización de las expresiones «Terror» y «guerra contra el Terror» han acabado por cargarse de tantas connotaciones que un análisis sosegado de los revolucionarios franceses de los años 1793 y 1794 que suscribieron la política de «terror hasta la paz» se ha vuelto imposible de realizar. Se han establecido paralelismos caprichosos entre Robespierre y, por una parte, Tony Blair y, por otra, Osama Bin-Laden, y los académicos siguen realizando afirmaciones manifiestamente erróneas sobre Robespierre. El Terror no fue obra suya, sino un régimen de intimidación y control apoyado por la Convención Nacional y los «patriotas» de todo el país, pese a que los libros sobre terrorismo contemporáneo suelen atribuir a Robespierre la responsabilidad absoluta de las decenas de millares de muertes de los años 1793 y 1794.

McPhee, en la conclusión de la biografía de Robespierre, vuelve a recordarnos que, en los 200 años que han sucedido a su muerte, muchos autores han exagerado hasta lo indecible:

En esta biografía hemos sostenido más bien que a Maximilien Robespierre se le puede entender mejor si se piensa que fue un niño y un joven formado por su vida familiar y los contextos sociales de Artois y París; y, después, un joven revolucionario que se vio envuelto con otros en la remodelación de un mundo con una orientación particular y contra enemigos descomunales. Sin duda, como los biógrafos se ocupan de inferir los motivos a partir de la conducta observable de los personajes que estudian (acciones y decisiones, cartas y discursos), debemos lidiar con categorías psicológicas e inferencias. Pero este tipo de reflexión debería recordarnos por encima de todo que Maximilien fue en una ocasión un niño pequeño y vulnerable y que, cuando los niños se vuelven adultos no se convierten en santos o diablos, sino en hombres y mujeres.

 

Robespierre y el juego Assassin’s Creed

Una de las sagas de juegos más populares de los últimos años, Assassin’s Creed, hizo que la historia de Assassin’s Creed: Unity (2014) se desarrollara durante la Revolución francesa, siendo uno de sus personajes el mismísimo Maximilien Robespierre. Puedes verlo en estas imágenes, pertenecientes a dicho juego:

Robespierre entrando en el Palacio de Versalles. Imagen del juego Assassin's Creed: Unity.
Robespierre entrando en el Palacio de Versalles. Imagen del juego Assassin’s Creed: Unity.

 

Encuentro de Robespierre con La Touche. Imagen del juego Assassin's Creed: Unity.
Encuentro de Robespierre con La Touche. Imagen del juego Assassin’s Creed: Unity.

 

Robespierre pronunciando el discurso en el Festival del Ser Supremo. Imagen del juego Assassin's Creed: Unity.
Robespierre pronunciando el discurso en el Festival del Ser Supremo. Imagen del juego Assassin’s Creed: Unity.

 

Robespierre, tras ser guillotinado. Imagen del juego Assassin's Creed: Unity.
Robespierre, tras ser guillotinado. Imagen del juego Assassin’s Creed: Unity.

 

Robespierre ¿fiel a sí mismo?

Me gustaría finalizar con un fragmento de la carta abierta que Robespierre escribió en 1789 a la población del nordeste:

  1. El objetivo de la sociedad es la felicidad de todos.
  2. Todos los hombres nacen libres e iguales en derechos, y no pueden dejar de serlo.
  3. El principio de soberanía reside en la nación; todo el poder emana y puede emanar únicamente de ella.

 

 

 

 


Artículo redactado para La biblioteca perdida.

5 comentarios en “El fin de un tópico: ¿para cuándo la revisión de Robespierre?

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