Efemérides·Historia

Los Rosenberg: la condena más injusta del siglo XX

Julius y Ethel Rosenberg, tras ser declarados culpables en el juicio.
Julius y Ethel Rosenberg, tras ser declarados culpables en el juicio.

Estados Unidos y la bomba atómica

Recordemos, en primer lugar, que la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto armado más grande de toda la historia de la Humanidad, con la participación directa de 100 millones de efectivos, y en la que murieron entre 50 y 70 millones de personas. Parece normal pensar que nadie quería que esto se volviera a repetir, ¿verdad?

Fat Man, una bomba nuclear.
Fat Man, una bomba nuclear.

En esa fecha fatídica del 6 de agosto de 1945 el mundo perdía definitivamente la inocencia, y entraba en una nueva era, que se anunciaba llena de incertidumbre y terror. Era la “era nuclear”. Recordemos la frase del capitán Robert Lewis, copiloto del bombardero que lanzó “la bomba”:

“Dios mío ¿Qué hemos hecho?”

y comparémosla con lo que el propio Truman dijo en su discurso de “celebración” del bombardeo:

“Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado. Con esta bomba hemos añadido un nuevo y revolucionario incremento en destrucción a fin de aumentar el creciente poder de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual, estas bombas se están produciendo. Incluso están en desarrollo otras más potentes. […] Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. […] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra.”

Nube de hongo, producto de las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha).
Nube de hongo, producto de las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha).

 

Hiroshima, destruida por la bomba atómica.
Hiroshima, destruida por la bomba atómica.

Si bien tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial se inició un momento de euforia basado en la victoria sobre los totalitarismos (nazismo y fascismo), en la fase que se conoce como expectativas de cooperación, este desiderátum de paz mundial permanente (o, al menos, duradera) que se había intentado materializar en múltiples ocasiones y documentos de buena voluntad, pronto llegó a su fin.

Surgió entonces un desencanto grotesco, que desembocó en una situación que muy pronto recibiría un acertado nombre: la guerra fría. Corría el año 1947, momento en que tomó carta de naturaleza.

Un fragmento de la
Un fragmento de la “cortina de hierro” original, cerca de Bratislava (Eslovaquia).

 

La URSS y la bomba atómica

Cuando la URSS detonó su primera bomba nuclear en 1949, se dio el inicio real para el equilibrio táctico basado en el miedo y la tensión permanente entre los dos bloques —el occidental y el comunista— que no cesó hasta 40 años después.

“Ha habido una explosión atómica en Rusia”. Estas fueron las palabras pronunciadas el 23 de septiembre de 1949 por Harry S. Truman, el presidente de Estados Unidos que había ordenado lanzar dos bombas atómicas sobre la población civil japonesa, sólo 4 años antes.

En Estados Unidos, a finales de la década de 1940 se vivía con un miedo atroz, en una especie de histeria colectiva, que hacía ver enemigos por todos lados (pero especialmente del lado de la URSS).

Miedo a la amenaza soviética.
Miedo a la amenaza soviética.

 

El miedo a la amenaza soviética.
El miedo a la amenaza soviética.

“Destrucción mutua asegurada”

Uno de los más reputados historiadores especialistas en esta época, Eric Hobsbawn, habla de “amenaza de un conflicto nuclear global“, de “miedo a la destrucción mutua asegurada“, y apunta que “no llegó a suceder, pero durante cuarenta años fue una posibilidad cotidiana“.

A este respecto, Hobsbawn carga las tintas sobre el bando occidental, culpando a la clase política norteamericana de aprovecharse de ello y utilizarlo en su favor: tener un enemigo exterior es la excusa perfecta (podríamos decir, también, un casus belli perfecto). Oigamos sus propias palabras:

El anticomunismo apocalíptico se volvió útil y tentador. Un enemigo exterior que amenazase a Estados Unidos le resultaba práctico a los gobiernos norteamericanos, que habían llegado a la acertada conclusión de que los Estados Unidos eran ahora una potencia mundial. Como fantasma y como uno de los mayores obstáculos internos se encontraba el aislacionismo. Si los mismísimos Estados Unidos no estaban a salvo, entonces no podían renunciar a las responsabilidades y recompensas del liderazgo mundial, igual que hicieron al término de la primera gran guerra.

Lo curioso es ver cómo, incluso a la hora de definir la propia guerra fría, cada bando acusó al otro de ser quien la iniciara. Así, los soviéticos culpaban a los occidentales:

La Guerra Fría constituye un rumbo político agresivo que tomaron los círculos reaccionarios de las potencias imperialistas, bajo la dirección de Estados Unidos e Inglaterra, a raíz de la Segunda Guerra Mundial 1939-1945. (…) La Guerra Fría está orientada a no permitir la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes sistemas sociales, a agudizar la tensión internacional y a crear las condiciones para el desencadenamiento de una nueva guerra mundial.

y, a su vez, los occidentales a los rusos:

 La Guerra Fría es la forma procedente del agresivo comunismo mundial, de la confrontación político-espiritual y psicológico-propagandística con el mundo no-comunista. En la Guerra Fría, el comunismo mundial quiere, en primer lugar, dominar la conciencia de las masas. Por tanto, el mismo trata de que su influencia penetre en todos los ámbitos vitales de la sociedad en los Estados no-comunistas.

 

El “equilibrio del terror”.
El “equilibrio del terror”.

El matrimonio Rosenberg, y “el enemigo en casa”

Aunque vivimos a unas décadas de distancia, no nos resultará difícil imaginar que en este clima de tensión permanente (basado en la amenaza y el denominado equilibrio del terror) había que buscar un chivo expiatorio. Estados Unidos lo encontró fácilmente: aprovechando una serie de desafortunadas circunstancias, detuvo al matrimonio formado por Julius y Ethel Rosenberg, así como a Morton Sobell, que habían sido delatados, precisamente, por el hermano de Ethel, David Greenglass.

Según David, había estado pasando durante años información al matrimonio, que investigaciones posteriores han revelado que o bien no se produjeron, o no tenían demasiada importancia. Sin embargo, cuando David les delató, contó sus andanzas con pelos y señales. Lo curioso del caso es que David había cobrado por la información (que le había pasado Harry Gold).

Durante los interrogatorios, y a lo largo del juicio, tanto Julius como Ethel se mantuvieron firmes, y no reconocieron ninguna de las acusaciones, declarándose inocentes de todos los cargos. Jamás delataron a nadie, y nunca se autoinculparon, acogiéndose a la 5ª enmienda de la Constitución norteamericana, que permite al acusado “no declarar contra sí mismo en ningún juicio criminal” (un derecho heredado de la Carta Magna de 1215).

Julius fue detenido el 17 de julio de 1950, y su esposa Ethel el 11 de agosto. Ambos eran judíos, y nunca habían ocultado que eran comunistas convencidos.

A pesar de que Greenglass llegó a decir que les había proporcionado planos de la bomba lanzada sobre Nagasaki en 1945, la revisión en detalle de todo este material cuando fue desclasificado décadas después, permitió saber con certeza que dicha información era de escasa relevancia de cara al desarrollo de la bomba atómica por parte de la URSS.

David Greenglass.
David Greenglass.

 

Diseño de un arma nuclear de implosión realizado por David Greenglass, utilizado como prueba incriminatoria, ilustrando la información que según él proporcionó a los Rosenberg para que la transmitieran a la URSS.
Diseño de un arma nuclear de implosión realizado por David Greenglass, utilizado como prueba incriminatoria, ilustrando la información que según él proporcionó a los Rosenberg para que la transmitieran a la URSS.

En realidad, los datos que tenían mayor valor los había pasado Klaus Fuchs, que detenido y juzgado en Inglaterra, tras cumplir su condena volvió a la República Democrática Alemana (RDA) convertido en un héroe.

Klaus Fuchs, uno de los más importantes
Klaus Fuchs, uno de los más importantes “espías atómicos”.

Todos los expertos coinciden en que la URSS lograría igualmente crear la bomba atómica, aunque habrían tardado un poco más. La información proporcionada por Fuchs —y no por los Rosenberg— no hizo sino acelerar su desarrollo.

En el juicio, Morton Sobell fue sentenciado a 30 años (cumpliría 18), y David Greenglass a 15 años. Tanto Julius como Ethel Rosenberg fueron condenados a muerte.

Durante más de dos años, el matrimonio estuvo preso en la cárcel de Sing Sing (Nueva York), tiempo durante el cual se sucedieron un total de 23 apelaciones (7 ante el Tribunal Supremo), que polarizaron  la opinión pública mundial.

El caso logró un gran rechazo entre amplios sectores de la población, que vio que el juicio había sido completamente instrumentalizado. Muchos consideraron que se trató de un juicio político.

Sin embargo, ni las manifestaciones, ni la campaña mundial de movilización, ni las vigilias, ni los ruegos de muchas personalidades (incluyendo al papa Pío XII) lograron que el presidente Harry S. Truman tuviera clemencia.

Manifestación por el matrimonio Rosenberg, ante la Casa Blanca.
Manifestación por el matrimonio Rosenberg, ante la Casa Blanca.

 

Manifestación por el matrimonio Rosenberg, ante la Casa Blanca.
Manifestación por el matrimonio Rosenberg, ante la Casa Blanca.

 

Manifestación de simpatizantes con la causa del matrimonio Rosenberg, en Washington D.C.
Manifestación de simpatizantes con la causa del matrimonio Rosenberg, en Washington D.C.

 

Vigilia por el matrimonio Rosenberg, en Los Ángeles (California).
Vigilia por el matrimonio Rosenberg, en Los Ángeles (California).

 

Triste final para el matrimonio Rosenberg

Mientras uno de los personajes más siniestros de todo el siglo XX, J. Edgar Hoover, director durante décadas del FBI, llegó a decir que el caso Rosenberg era “el crimen del siglo“, los Rosenberg siempre mantuvieron que eran inocentes.

Pasó el tiempo, y llegó otro presidente a la Casa Blanca: Dwight Eisenhower. Tampoco se apiadó. Su última negativa al indulto se produjo pocas horas antes de la ejecución.

Julius Rosenberg fue ajusticiado en la silla eléctrica el 19 de junio, y Ethel diez minutos después de él. La crueldad se cebó en ella, que hubo de sufrir hasta 5 descargas.

Una crueldad intolerable se sumaría a su condena: sus hijos Michael, de 10 años, y Robert, de 6, quedaban completamente huérfanos, de madre y de padre.

Los hijos de los Rosenberg: Michael, de 10 años, y Robert, de 6.
Los hijos de los Rosenberg: Michael, de 10 años, y Robert, de 6.

 

 

Cortejo fúnebre del matrimonio Rosenberg por las calles de Nueva York, el 21 de junio de 1953.
Cortejo fúnebre del matrimonio Rosenberg por las calles de Nueva York, el 21 de junio de 1953.

Algunas palabras relacionadas con el caso Rosenberg

Harold Urey, Premio Nobel de Química en 1934

“un hombre con la capacidad de Greenglass es totalmente incapaz de transmitir a nadie la física, química y matemáticas de la bomba”.

Jean-Paul Sartre, filósofo y escritor, sobre la ejecución de los Rosenberg:

“un linchamiento legal que mancha de sangre a todo un país”.

Petición de clemencia de Ethel Rosenberg al presidente de Estados Unidos:

“No somos mártires ni héroes, ni aspiramos a serlo. No queremos morir. Somos jóvenes, demasiado jóvenes, para la muerte. Ambos anhelamos ver crecer a nuestros dos pequeños hijos, Michael y Robert, hasta que lleguen a ser hombres. Deseamos, con cada fibra de nuestro ser, que nos restituyan en algún momento al lado de nuestros hijos para reanudar la armoniosa vida familiar que disfrutamos antes de la pesadilla de nuestros arrestos y condenas. Deseamos que nos reintegren algún día a la sociedad donde podamos contribuir con nuestras energías a construir un mundo en el que todos tengan paz, pan y rosas. Sí, aspiramos a vivir, pero con la sencilla dignidad que inviste sólo a aquellos que han sido honestos consigo mismo y con sus semejantes. Por lo tanto, con honradez, solo podemos decir que somos inocentes de este crimen.”

 

 

Epílogo final para los Rosenberg, aún más cruel

En el año 2001, David Greenglass, el hermano de Ethel Rosenberg, que con su delación los había condenado sin misericordia a la muerte, publicó un libro titulado “El hermano“. En él admitió que durante el juicio había cometido perjurio. Casi 50 años después, reconocía que había dado falso testimonio.

 

Poema de Ethel Rosenberg a sus hijos

La propia Ethel dejó escrito un poema a sus hijos, titulado “Si morimos“, del que Pablo Milanés hizo una versión musicada en su disco No me pidas… yo no te pido (1977):

Vosotros sabréis, hijos míos, sabréis

por qué dejamos las canciones sin hacer

los libros sin leer, el trabajo sin hacer

para descansar bajo el césped.

No más lamentos, hijos míos, no más

porque las mentiras y las calumnias fueron montadas

las lágrimas que derramamos y el dolor que nos penetra

para todos deberá ser proclamado.

La tierra sonreirá, hijos míos, sonreirá

y el verde sobre nuestro lugar de reposo crecerá

el crimen finalizará, el mundo se regocijará en hermandad y paz.

Trabajad y construid, hijos míos

construid un monumento al amor y a la alegría

al valor humano, a la fe que guardamos por vosotros, mis hijos, por vosotros.

Mi humilde homenaje al matrimonio Rosenberg

Por eso, me gustaría finalizar este artículo rindiéndoles un humilde, pero cálido homenaje a Julius y Ethel Rosenberg, inocentes de todo punto. Y a pesar de ello, condenados, sentenciados y ajusticiados en la silla eléctrica.

No se me ocurre mejor homenaje que transcribir parte de la sentencia de Irving R. Kaufman, el juez que los condenó a morir:

“Considero este crimen peor que el asesinato. Creo que la conducta de ustedes dos poniendo en manos de los rusos los secretos de la Bomba-A, antes que fuera conocida por nuestros mejores científicos, permitió que Rusia perfeccionara la bomba y ha causado, en mi opinión, la agresión comunista en Corea del Sur, con las resultantes bajas superiores a 50.000 personas y quién sabe, si millones más de personas inocentes puedan pagar el precio de su traición.”

 

Vista del Monumento de la Paz de Hiroshima. La Cúpula Genbaku, la cual permaneció en pie después del bombardeo, se ve claramente en el centro de la imagen. El blanco original de la bomba era el puente Aioi, a la izquierda en la vista panorámica. Imagen de De Dean S. Pemberton, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5985044
Vista del Monumento de la Paz de Hiroshima. La Cúpula Genbaku, la cual permaneció en pie después del bombardeo, se ve claramente en el centro de la imagen. El blanco original de la bomba era el puente Aioi, a la izquierda en la vista panorámica. Imagen de De Dean S. Pemberton, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5985044

 

 


Artículo redactado para La biblioteca perdida.

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