¿Cuál fue la mayor explosión accidental (y más mortal) de la historia?

Explosión en Cali (Colombia), el 7 de agosto de 1956. Imagen: Archivo Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero.
Explosión en Cali (Colombia), el 7 de agosto de 1956. Imagen: Archivo Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero..

 

La más grande de cuantas explosiones no provocadas se han producido en la Historia —bien por accidente, bien por imprudencia— es quizá una de las más olvidadas. Incluso el monumento que la recuerda se pierde en un cruce de calles, y nadie parece verlo al pasar en automóvil por su lado.

 

Agujero producido por la explosión.
Agujero producido por la explosión.

 

Tal día como hoy, el 7 de agosto de 1956, seis camiones del ejército colombiano cargados con 42 toneladas de combustible y explosivo plástico —cuyo fin era la construcción de carreteras— estallaban en el centro de la ciudad de Cali (Colombia), causando la muerte a 4.000 personas, y 12.000 heridos. La explosión destruyó 41 manzanas de edificios, dejando un cráter de 50 metros de ancho y 25 metros de profundidad. Los sismógrafos registraron un temblor terrestre de 4.3 grados en la escala de Richter. Las crónicas recuerdan aún otra nota negra a añadir al ya de por sí pavoroso desastre: la onda expansiva llegó a abrir muchas tumbas del cementerio central.

 

Estado de la zona, tras la explosión.
Estado de la zona, tras la explosión.

 

Sin poder establecerse de forma definitiva la causa de la explosión, ni el número definitivo de víctimas, se barajaron varias hipótesis: recalentamiento de los camiones; disparo accidental del arma de uno de los soldados que los custodiaban; y la que tuvo más fuerza entre los expertos: un fumador habría arrojado un cigarrillo sin apagar cerca de uno de los camiones.

En aquel año, la sociedad colombiana estaba polarizada de tal forma, que los distintos bandos se acusaron mutuamente del desastre. El propio presidente del país, Gustavo Rojas Pinilla, habló de “sabotaje político” y de acto terrorista. La respuesta de la oposición no se hizo esperar, y Colombia fue inundada con miles de pasquines en los que se podía leer:

“Al dolor inenarrable que me produce la tragedia de Cali, se suma en mi tribulación el espanto de estar gobernado de esta forma”

 

Transcribo a continuación el texto completo de la hoja volandera firmada por Alberto Lleras, que fue acusado del suceso por el presidente de Colombia:

Cuando con todos mis compatriotas estaba horrorizado y adolorido por la inmensa tragedia de Cali, y sólo me había atrevido a lamentar la tremenda imprudencia de permitir contra todas las reglas internacionales de seguridad que se acumularan en un sitio poblado materiales para tamaño estrago, he oído con la más profunda sorpresa y auténtico escándalo de patriota, que el señor presidente de la república se anticipa a explicar la tragedia nombrando en su comunicado como responsable de ella a quienes hemos venido trabajando por la pacificación de los partidos y de Colombia con actos públicos como el acuerdo de Benidorm entre el señor Laureano Gómez y yo. Y digo que es motivo de escándalo porque es simplemente escandaloso que cuando apenas se anuncia que va a abrirse una investigación, el presidente de la República en cuyas manos se acumulan todos los poderes, inclusive el judicial, ya da por conocido su resultado y señala asombrosamente a los políticos que no participamos de sus ideas y procedimientos de gobierno y que los combatimos con los escasísimos recursos que nos ha dejado libres, en forma equívoca, que no debía emplear un presidente ni un militar, como si estuvieran vinculados a la causa de la tragedia. Al dolor inenarrable que me produce la tragedia de Cali se suma en mi tribulación el espanto de estar gobernado de esta forma. Estoy esperando que el presidente envíe sus jueces y sus policiales a detenerme para corresponder a la inaudita afirmación que ha hecho pública, en una inconcebible explotación política del más grande dolor y confusión que hayan tenido los colombianos en estos últimos días. 

 

El periodista Enrique Santos Montejo le escribió una carta abierta al presidente. Fue publicada en el diario ecuatoriano El Universo, el 4 de septiembre de 1956. Creo que debería leerse con atención, porque recuerda demasiado a lo que pasa desde hace tiempo en Venezuela:

No es fácil -decía la carta- que Vuestra Excelencia pueda contener el movimiento decisivo, legítimo. Los colombianos desean defender su vida, su honra y sus bienes, pues, V.E. no puede hoy garantizar ni preservar nada, vuestro mando está en el aire, sobre la afilada punta de las bayonetas…vuestra situación es tan desesperada que vuestras palabras y actos para defenderse, no lo disculparán ante la historia. Está V.E. cerca de su tumba política, pero quiere esquivarla. El vuestro es un caso de profundo desprecio de la verdad. Cuando V.E. habla de sabotaje y terrorismo es porque tiene la seguridad de que el 99% de la opinión colombiana os es adversa…

 

La hora de la explosión quedó fijada para siempre.
La hora de la explosión quedó fijada para siempre.

 

Socorriendo a las víctimas, tras la explosión en Cali.
Socorriendo a las víctimas, tras la explosión en Cali.

 

Daños de la explosión.
Daños de la explosión.

 

Socorriendo a las víctimas, tras la explosión en Cali.
Socorriendo a las víctimas, tras la explosión en Cali.

 

Muy importante fue la labor del padre Alfonso Hurtado Galvis, que él mismo asistió y rescató víctimas entre los afectados por la terrible explosión.

El Padre Alfonso Hurtado Galvis, el día de la tragedia de Cali, en 1956.
El Padre Alfonso Hurtado Galvis, el día de la tragedia de Cali, en 1956.

 

Ayuda a los damnificados, tras la explosión en Cali.
Ayuda a los damnificados, tras la explosión en Cali.

 

Casi 50 años más tarde, contó de primera mano su experiencia, en una carta que se hizo pública en 2009:

Yo era capellán del Batallón de Infantería N 8 “Pichincha” cuyo cuartel quedaba situado en el lugar que hoy ocupa el Centro administrativo Municipal CAM en el paseo Bolívar. Eran las 5 y 30 de la tarde y yo estaba conversando en la puerta de muralla del cuartel con el Capitán Gustavo Camargo Eslava quien en ese momento era el Oficial de Servicio del Batallón Pichincha cuyo comandante era el Teniente Coronel Víctor Navia Varona. Nos preparábamos para arriar el pabellón nacional (o sea la Bandera de Colombia) cuando llegó un convoy militar de seis (6) camiones cargados y custodiados por soldados armados al mando del Sargento Pedro Higuita.

El Sargento se presentó ante el Capitán Gustavo Camargo Eslava, en mi presencia, para pedirle permiso de pernoctar y arranchar en el cuartel, y le advirtió que comandaba un convoy de seis (6) camiones con explosivos (Dinamita Gelatinosa-42 Toneladas que venían de Suecia en el Barco “Sthokolm”, a travesó el Báltico, el Atlántico, el Canal de Panamá, el Pacífico, y atracó en el puerto colombiano de Buenaventura. Luego las 42 toneladas de dinamita fueron sacadas del Barco sueco “Sthokolm” y colocadas en seis (6) camiones militares que salieron de Buenaventura a las seis de la mañana por la vieja carretera al mar, pasando por Anchicayá, El Queremal, Borrero Ayerbe, y llegaron a Cali a la portada al mar a las 5 de la tarde, a una velocidad de 20 kilómetros por hora, y a una distancia de 50 metros entre cada uno de los seis (6) camiones. El capitán Camargo le negó el permiso al Sargento Pedro Higuita para pernoctar y arranchar en el Pichincha; y le ordenó retirarse con el convoy con explosivos hacia despoblado.

Yo vi las cajas zunchadas con dinamita, porque el Capitán Camargo con el sable levantó la carpa de uno de los seis (6) camiones. El Sargento Pedro Huiguita no cumplió la orden del Capitán Camargo, pues retiró el convoy del Paseo Bolívar y lo estacionó en la calle 25 entre karreras 1 y 8 frente a la vieja estación del Ferrocarril del Pacífico en Cali. Esto sucedió el lunes 6 de Agosto de 1956 víspera de la fiesta nacional por la Batalla de Boyacá del 7 de Agosto de 1819. Efectivamente a la una de la madrugada del martes 7 de Agosto de 1956 cuando Cali dormía, se sintió un temblor de tierra y luego una terrible explosión que fue oída en ciudades fuera de Cali. Cali quedó en tinieblas; las gentes en ropa interior y de dormir salieron a las calles pidiendo misericordia. Se veía hacia el oriente de Cali un hongo de colores semejante al de la bomba atómica de Hiroshima (Japón) pero más pequeño. Se oía el ulular de las sirenas.

Yo salí en el primer camión con tropa al mando del Subteniente Jaime Rodas, rumbo al lugar donde se veía el hongo de colores. Tomamos por la karrera primera y solo pudimos llegar a la calle 21 porque todo estaba invadido por escombros de edificios y por cadáveres. Nos bajamos del camión militar al mando del subteniente Jaime Rodas, allí existía la cárcel de hombres llamada “el manicomio”. Empezamos a caminar por entre cadáveres y ruinas humeantes. Nos alumbrábamos con lámparas o linternas de mano. El subteniente Rodas me cogió del brazo izquierdo y me dijo: “curita, no se me separe que esto es la verraquera”.

Más adelante vimos a un hombre alto en calzoncillos lleno de polvo y con un revólver en la mano derecha. Gesticulaba y balbucía frases incoherentes. Yo me le acerqué y le dije: “cálmese señor, cálmese”. Pero él me dijo: “lo perdí todo, mi mujer, mis hijos, mis bienes”. Luego se llevó el cañón del revólver a la boca y se disparó, muriendo en el acto. Seguimos avanzando en la oscuridad. Yo salvaba niños, según la Cruz Roja salvé 121 infantes. Ayudé a dar a luz a una muchacha quemada.

Saqué a una niña la bauticé con agua barro de las alcantarillas rotas y murió en mis brazos. Gastamos 4 horas desde la calle 21 hasta la calle 25 por los escombros cuando clareó el sol pudimos ver la magnitud de la tragedia, 36 manzanas arrasadas, un cráter de 50 metros de diámetro por 8 metros de profundidad, miles de cadáveres.

Yo vi parejas calcinadas en el coito porque por allí había burdeles casas de cita. También el Teatro Roma, la Galería Belmonte. Yo vi cráneos, brazos, piernas, troncos de cadáveres humanos. Yo vi enterrar en el cementerio central 3725 cráneos, delante del Alcalde de Cali Coronel Aviador Muñoz, delante de un Notario, delante de un juez y delante de un Obispo llamado Miguel Medina. Cadáveres insepultos, fetidez terrible, Cali tenía entonces 120 mil habitantes se calculan 10.000 muertos en la Explosión de las 42 toneladas que dinamita que iba para los polvorines del Ejército de Bogotá. Esta es la Tragedia más grave de la historia de América por causas NO NATURALES.

Se hizo una investigación por orden del Brigadier General Alberto Gómez Arenas y dio como resultado que a un soldado centinela se le safó un tiro de la recámara del fusil horizontalmente en el relevo de la madrugada, en vez de colocar la boquilla del fusil verticalmente como es lo correcto. Ayudaron a Cali la Cruz Roja, Sendas, los Boys Scouts, las monjitas, los sacerdotes, el Papa Pio XII desde el Vaticano, la Unión Soviética, Los Estados Unidos, México, Venezuela (con un edificio que hizo construir el General Marcos Pérez Jiménez de Venezuela, el Edificio Venezolano, también el Japón, China, Europa y muchos más.

 

Doy fe: Alfonso Hurtado Galvis, sacerdote. Cali, miércoles 15 de julio de 2009 por la tarde.

 

Carta del padre Alfonso Hurtado Galvis.
Carta del padre Alfonso Hurtado Galvis.

 

 


Artículo original redactado inicialmente en Datos a tutiplén, el 07/08/2017. Adaptación y ampliación para La biblioteca perdida.

3 comentarios en “¿Cuál fue la mayor explosión accidental (y más mortal) de la historia?

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