Historia·Tecnología

Walkman: el reproductor que cambió nuestras vidas para siempre

El primer modelo de Walkman de Sony: TPS-L2, lanzado al mercado en 1979.
El primer modelo de Walkman de Sony: TPS-L2, lanzado al mercado en 1979.

Tal día como hoy, 1 de julio, en 1979, aparecía en las tiendas japonesas un dispositivo que cambiaría las costumbres de millones de personas, que con el tiempo yo diría que ha dado incluso forma a algunas de nuestras formas de comportarnos, pasear o disfrutar del tiempo libre.

En efecto: disfrutar de la música era una actividad que no podía hacerse más que en lugares cerrados, o al menos conectados a la corriente eléctrica. Poder ir por la calle, caminando o corriendo, pedaleando en bicicleta, viajando en autobús o conduciendo un monopatín, y al mismo tiempo escuchar música, era incompatible con poder elegirla. La única opción era escuchar la radio, lo que significaba necesariamente oír la música que estaban poniendo en el programa en cuestión. Era la emisora quien decidía, y nosotros sólo podíamos escuchar, evidentemente sin ningún control sobre lo que oíamos.

En 1979, todo cambió. La empresa Sony, que siempre había sido abanderada de la reproducción y la grabación de música, sacó al mercado un reproductor de música con cinta de casete, que —ahora sí— permitía a sus usuarios elegir la música, grabándola previamente de la forma y en el orden que uno quisiera.

Nota: El Diccionario de la Real Academia acepta el término casete (del francés ‘cassete’, que significa cajita), pero sus denominaciones son múltiples: cassette compacto, cassette, casette, casete de audio o cinta casete.

El reproductor se llamaba técnicamente TPS-L2, pero el nombre comercial es el que ha quedado grabado en nuestros recuerdos, y es el que ha quedado anclado en nuestro pasado colectivo. Hablo del Walkman, de Sony Corporation.

Walkman tuvo un éxito sin par, y un nivel de ventas tan inimaginable hasta entonces, que todos los reproductores que le siguieron, de cualquier marca o empresa, los llamamos igual, escribiéndolo incluso en minúscula: walkman (a pesar de que en Estados Unidos la publicidad en un principio lo denominaba Soundabout, y en el Reino Unido Stowaway). Copiado hasta la saciedad, gracias al Walkman de Sony la industria del entretenimiento cambió para siempre. Y, desde luego, también nuestras costumbres.

Hasta entonces, la reproducción musical del transistor (así llamábamos a la radio a transistores, que es su nombre real) no poseía mucha calidad. El Walkman de Sony también cambió esto. Eliminando en primera instancia la posibilidad de grabar, pero añadiendo en su lugar un amplificador estéreo de alta fidelidad a su reproductor, y con unos auriculares especializados que permitían aprovechar este aumento de calidad, quien compraba un Walkman de Sony acababa sin duda recomendándolo.

Walkman, entre mis recuerdos

Personalmente, recuerdo con verdadero cariño mi Walkman. ¿Qué será de él…? Era precioso, dorado, y a pesar de ser metálico tenía un tacto realmente atractivo; apetecía tenerlo siempre en la mano. Gracias a cómo reproducía la música, jamás olvidaré aquellas cintas en las que grabé, entre muchos otros, algunos de mis discos favoritos de entonces (aún me siguen gustando…): In the land of grey and pink, de Caravan (1971), Physical Graffiti, de Led Zeppelin (1975), o Reflection, de Pentangle (1971).

Walkman, icono pop

El Walkman de Sony acabó convirtiéndose en una imagen de referencia, y constituyéndose por derecho propio en icono de la cultura popular en todo el mundo durante varias décadas. Su propio nombre comercial ha sido un acierto desde el principio, apelando de forma descaradamente comercial a lo que pretendía sin ningún complejo: que todo el mundo lo pudiera utilizar y disfrutar de él, estuviera donde estuviera, ya que permitía un grado de libertad impensable hasta el momento.

Precisamente esta libertad hizo que Shuhei Hosokawa, profesor del Centro Internacional de Investigación de Estudios Japoneses, llegara a acuñar la expresión “efecto Walkman”, que hace referencia al fenómeno que se produce al usar un dispositivo como aquel, por el que sus usuarios, al escuchar música con los auriculares, poseen un mayor control de su entorno.

En el mismo sentido, el escritor especializado en temas relacionados con la música popular Keith Negus explicó que parte del éxito del Walkman se basaba en que permitía a sus usuarios llevar a cabo la fantasía privada de “excluir a la sociedad sin irse a una isla desierta” (Producing Pop: Culture and Conflict in the Popular Music Industry, 1992).

Dicho control, sin embargo, va acompañado irremediablemente de un mayor aislamiento, una característica que hemos podido comprobar con muchos de los dispositivos tecnológicos que le han ido sucediendo desde, siendo particularmente evidente con los actuales teléfonos móviles inteligentes (smartphones).

Sony corrige su error

Inicialmente, Sony había cometido un error de cálculo, al no confiar en que hubiera un mercado para su reproductor, o que de haberlo éste era inapreciable. Pero cuando el éxito se extendió por todo el mundo, y el nombre Walkman era ya palabra de uso común, la empresa subsanó su error, simplemente incluyéndolo en la carcasa. Si te fijas bien, el modelo inicial sólo mostraba “STEREO CASSETTE PLAYER TPS-L2”. Cuando Sony lo remedió, serigrafió el distintivo con tipografía mayor aún que la de propia marca:

El modelo TPS-L2 de Sony, TPS-L2, ya con la marca Walkman incluida en la carcasa.
El modelo TPS-L2 de Sony, TPS-L2, ya con la marca Walkman incluida en la carcasa.

En cualquier caso, su cuenta de resultados no paraba nunca de crecer, y cuando Sony cesó su fabricación, en 2010, había vendido más de 385 millones de Walkman.

La publicidad, compañera inseparable del Walkman

La publicidad explotó con éxito esta libertad personal, apelando de forma directa a su uso exclusivamente personal. Sirvan como muestra un par de anuncios de la época:

Publicidad de Sony Walkman, en Japón.

Publicidad de Sony Walkman.

Walkman, de la mayúscula a la minúscula

Del éxito e implantación del Walkman, da también buena cuenta su inclusión en muchos diccionarios, como el Oxford, el Cambridge, el Collins, el Merriam-Webster, e incluso  el mismísimo Diccionario de la RAE. Prácticamente todos los que han aceptado el término, lo han hecho por formar ya parte del acervo popular.

Continuará…

En un posterior artículo, contaré la historia de los claroscuros que rodearon al nacimiento del Walkman de Sony, y que la corporación —como no podía ser de otra forma— silenció en su día con dinero. Por cierto: no hay nada de conspiranoico al respecto, ya que los hechos son los hechos, y la cuestión tuvo que llegar a dirimirse finalmente en un juzgado.

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