España·Historia

Ni perdono, ni olvido: Jesús Gil y Gil fue siempre un sinvergüenza

15 de enero de 1977

En estos días, en que parece que todos andan atareados en recordar, en un ejercicio a medio camino entre la desmemoria y la nostalgia, el 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas después de la Guerra civil española (¡y bien recordado sea!), yo no olvido otro hecho.

Sucedió también un 15 de junio. Pero, al contrario que aquel ilusionante día, este sólo se puede recordar con una tristeza profunda.

En efecto. Yo pienso en algo muy distinto. Un suceso terrible, que ahora pocos parecen recordar. Un suceso del que hago responsable y culpable sólo a él, a Jesús Gil y Gil. Y, como siempre suelo decir, la Historia tenemos que recordarla, para no repetirla y caer en los mismos errores.

Algunos quizá se acuerden de los últimos años de este sinvergüenza: su vida licenciosa, su petulancia y altanería, su pretendida “gracia”, su lenguaje popular/populista, y toda una pléyade de valores “patrios” de los que hacía gala cada vez que podía.

Yo pienso en otra cosa. Y la verdad es que no me hace gracia ninguna.

Para empezar, vamos a ir a los datos, desnudos de toda valoración.

15 de enero de 1967

Los Ángeles de San Rafael es una localidad de la provincia de Segovia, que gracias a su localización geográfica posee una particularidad única, al pertenecer a 3 municipios distintos: El Espinar, Otero de Herreros y Vegas de Matute.

Aunque poseyendo el clima continental castellano que la caracteriza, el tiempo es aquí algo más bonancible, lo que unido a su privilegiada situación de camino a Madrid, lo convirtió primero en un sitio de paso obligado, y con el tiempo en un lugar perfecto para el veraneo de la burguesía. Se llegó a conocer como “la Suiza española”, y de hecho disfrutaron aquí de sus bonanzas muchos personajes célebres, entre los que podríamos citar a Alejandro Lerroux, Rafael Alberti, Ramón Menéndez Pidal, Ava Gardner o Luis Miguel Dominguín.

San Rafael. Vista desde la estación del ferrocarril. Llega de excursionistas.Estamos en 1967. Son los años del desarrollismo español, cuando nuestro país quería comerse el mundo a dentelladas. Casposas, eso sí, pero dentelladas al fin y al cabo. En cualquier caso, digamos que el desarrollismo era más bien un desarrollo magro, venido a menos.

Jesús Gil Gil (y no “Gil y Gil”, como él se hacía llamar) era propietario de una finca de Los Ángeles de San Rafael denominada “El Carrascal”, en la que quería montar un complejo de ocio. Para llevarlo a cabo, promovió un Plan Parcial para urbanizar la finca, y convertirla en el “Conjunto Deportivo Turístico Comercial de Los Ángeles de San Rafael” (conocido normalmente por su nombre abreviado, Los Ángeles de San Rafael). El Plan se aprueba el 28 de septiembre de 1967.

El día de la inauguración de uno de los restaurantes de la urbanización, el 15 de junio de 1969, se celebraba un banquete, dentro de la convención de la cadena de distribución SPAR, festejando que llevaban 10 años en nuestro país. Entre los dos comedores habilitados, se habían reunido 500 invitados.

En el salón principal, los 300 invitados a la comida estarían felices, porque a eso habían ido: a pasárselo bien. Sabemos incluso el menú que se había preparado para la ocasión: entremeses selectos, langostinos, trucha a la segoviana, ternera serrana a la brasa. Y de postre, tarta.

Sin embargo, los invitados no llegarían a probar bocado…

A las 14:45 de la tarde, el techo del salón cede, cayendo a la planta baja, que afortunadamente aún no estaba inaugurada.

Piso, techo y cubierta: todo se acabó desplomando. Un silencio de muerte sucedió a la alegría, y en pocos minutos todo fue tragedia y dolor.

En el accidente murieron 58 personas, resultando heridas otras 150.

Vista de las instalaciones, tras el derrumbe. Imagen: ABC
Vista de las instalaciones, tras el derrumbe. Imagen: ABC.

Datos para la reflexión

¿Seguro que fue un accidente?

Veamos algunos datos, que te invitarán a que hagas tus propias consideraciones:

  • Informes sobre negligencias constructivas.
  • Inauguración precipitada: los testigos hablan de argamasa “aún fresca”.
  • Defectos de construcción.
  • Pocos días después, el Ministerio de Turismo emitía un informe, en el que se declaraba que Jesús Gil no había solicitado los permisos preceptivos. [Por lo que he leído, era una conducta bastante habitual en la época]
Evacuación de víctimas del lugar de la catástrofe. Imagen: ABC.
Evacuación de víctimas del lugar de la catástrofe. Imagen: ABC.

La prensa de la época

La Vanguardia, al día siguiente, contaba en forma de crónica lo sucedido:

La tragedia se vio pronto en toda su magnitud. Nos cuenta uno de los presentes (…) que el panorama fue realmente dantesco. (…) Alaridos, voces pidiendo ayuda, lamentos, brazos alzándose entre escombros, vigas de hierro y de hormigón aplastando decenas de cuerpos, todo un espectáculo inenarrable.

Recordaré aquí una crónica de ABC, firmada por el periodista Alfredo Semprún:

“Hemos contado cincuenta féretros, pero son cincuenta y uno los cuerpos que reposan en ellos, una niña de unos tres años de edad, duerme ya el sueño eterno estrechamente abrazada al cuerpo también sin vida de su madre.”

Multitudinario funeral por las víctimas. Imagen: ABC.
Multitudinario funeral por las víctimas. Imagen: ABC.

¿De verdad que el delito no merecía mayor condena?

Esa misma noche, el juez instructor decreta la entrada en prisión de Jesús Gil y Gil.

¿Sabes quién era el gobernador civil de la provincia (Segovia), que fue quien hubo de lidiar con ello? Exactamente, lo has adivinado. Y fue uno de sus primeros cargos de relevancia: Adolfo Suárez. Para la prensa de entonces era todavía “Adolfo Suárez González”, pero exactamente 8 años después de la tragedia, sería el ganador de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, convirtiéndose en el primer presidente de nuestra moderna democracia.

El 8 de octubre de 1971, Jesús Gil es condenado en firme a 5 años de prisión, por un delito de “imprudencia temeraria”.

Tan solo 4 meses después, y previo pago de 400 millones de pesetas, Francisco Franco lo indulta, librándolo de todo mal. ¡¡¡Cuatro meses!!!

Un delito como aquel, de consecuencias tan trágicas, se saldó con 27 meses de cárcel y unos cientos de millones. Fue y siempre será verdaderamente injusto que, por ganar dinero de forma fraudulenta desde el primer momento (recordemos que Gil no tenía permisos ni licencias) murieran personas inocentes, y después obtuviera el perdón y el indulto.

Pero yo, ni perdono ni olvido: Jesús Gil y Gil fue siempre un sinvergüenza, y jamás lo perdonaré.

La ley del silencio

Conscientemente he utilizado el título de una de las grandes películas de la historia del cine, porque la tragedia de Los Ángeles de San Rafael siempre me la ha recordado. Desde que su principal y único culpable —Jesús Gil Gil— cumpliera una ínfima condena, lo que le permitió proseguir una brillante carrera de tropelías y atropellos de toda índole; hasta el silencio cómplice que durante décadas ha pasado por encima este tremendo episodio de una atroz injusticia, todo quedó en nada, y se acabó convirtiendo en una anécdota para la Historia.

Funeral por las víctimas. Imagen: ABC.
Funeral por las víctimas. Imagen: ABC.

 

Relación de víctimas

Traté, por todos los medios, de localizar los nombres de las víctimas, y finalmente los encontré. Estos fueron los muertos:

María Sol André García, de Segovia; Ángel Ayuso Gómez, de Segovia; María Balandín Simón, de Segovia; Mariano Carretero Esteban, de Olmedo (Valladolid); Adoración Duque Cerrán, de Aguilafuentes (Segovia); Rafaela Duque, de Aguilafuentes; Juan Carrión Modialdes, de Coca (Segovia); Valentín Esteban Gamonal, de El Escorial (Madrid); Isidro Esteban Rodríguez, de El Escorial; Julio Esteban. Rodríguez, de El Escorial; José Luis Fernán Escorial, de Segovia; Celia García del Mercado, de Segovia; Luis Lobo Barrios, de Cantalejo (Segovia); María Gil, de. Cantalejo; Ángel Fernando Jiménez Millán, Alcalde de Barco de Ávila; Priscila Llorente, de Segovia; Antonio Martín-Sanz, de Segovia; Silvino Merino, de Segovia; Julián Viñeda Santos, de Segovia; María Nieves Morejón Tepia, de Villanueva de Gómez (Ávila); Josefa Núñez, de Cuéllar (Segovia); Manuel Sanbruno Arranz, de Cantalejo (Segovia); Mariano Redondo, de Cuéllar (Segovia); Felisa Sáez López, de Segovia; Vicente Sansegundo González, de Segovia; José Vázquez Pintos, de El Escorial; Josefa Llorente, de Cantalejo (Segovia); Juan Suárez Herguedas, de Guadarrama; Pilar Varas Bravo; de Guadarrama; Máximo Maroto Maroto, de Guadarrama. Santos Herrero Alonso, de Guadarrama; Eulogio Carreteras Sierra, de Guadarrama; Manuel Pérez Valdés.

Vaya, desde aquí, el recuerdo por los familiares de todas las víctimas de esta tragedia, que —repito— nunca calificaré de accidente. No fue un accidente.

Epílogo

Hoy, Los Ángeles de San Rafael es una moderna urbanización, que posee todas las comodidades, e incluso muchas que nunca  harán falta. No deja de ser una ironía que su página web proclame con orgullo:

“Los Ángeles de San Rafael es el destino perfecto. Vive unas vacaciones inolvidables en un entorno de ensueño. Nuestra ciudad está en parque natural de la sierra de Guadarrama y está pensada para el disfrute vacacional de toda la familia. Disponibles todo tipo de actividades de aventura, relax, deporte y un enorme abanico de servicios a tu disposición para que tu estancia sea especial.”

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7 comentarios sobre “Ni perdono, ni olvido: Jesús Gil y Gil fue siempre un sinvergüenza

  1. Me ha parecido de justicia que haya escrito este artículo y creo que hubo màs víctimas. El otro día hablé con la hija de una de las víctimas y no veo su nombre en la relación, solo el de su madre que también falleció en esa tragedia

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    1. La lista la tomé del diario La Vanguardia de cuando sucedió la tragedia, de modo que si hubo más no tengo los datos. Si me los dáis, desde luego que modifico el artículo, ya que por supuesto que es de justicia publicarlo, y recordarlo —sobre todo para las nuevas generaciones que no sabían nada de esto.

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  2. Hubo una persona que pagó con 5 años de cárcel la broma de J. Gil. El encargado de la obra, Eugenio, que habló, insistió, persistió y hasta le gritó a su patrón que el hormigón aún no había fraguado, que hasta los 28 días del vertido no se puede usar una estructura con garantías. Otra víctima de Gil

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